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Nunca es demasiado tarde para comenzar con un programa de estimulación infantil.
El ser humano tiene una extraordinaria capacidad de recuperar los posibles retrasos en su desarrollo.
Si tu bebé tiene tres días o tres meses, la estimulación puede comenzar desde el mismo instante en que él y ustedes (los papás) lo deseen.
Generalmente se comienza con una sesión semanal junto al profesional y la familia a partir de los 45 días.
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En las dos primeras horas, luego del nacimiento, podrás observar que tu bebé se encuentra en un estado de alerta, muy despierto, calmado y tranquilo...
Vive unos momentos de vigilia e intensa expectación que no volverán a repetirse hasta pasados los dos meses de vida.
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Existe la creencia injustificada que en los primeros meses de vida, los bebés se acostumbran a los brazos y protestan si se los deja solos en la cuna.
Esto no es así, ya que el bebé necesita realmente que lo ayudes a habituarse a su nuevo mundo.
Al comienzo, no hay peligro, tómalo en brazos todas las veces que quieras, no te reprimas. Es mucho más importante calmarlo, abrazarlo, acunarlo, acompañarlo, mimarlo y protegerlo.
Nunca dejes llorar a tu bebé de corta edad, al agarrarlo le ayudas a que adquiera seguridad en sí mismo.
Deja la educación referente a este tema para después de los 6 meses.
Lo que si tienes que evitar es que se quede dormido mientras lo acunas, porque le costará conciliar el sueño a no ser que alguien lo esté meciendo, cuando lo tengas en brazos y antes que cierre los ojitos, déjalo suavemente en su cuna, para que sepa que ese es el lugar donde debe dormir.
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Es muy importante acudir rápidamente a los llantos del bebé los primeros meses de vida (ésta rutina es muy necesaria). Él notará que existe una cierta seguridad en el mundo, trata, que al llorar siempre haya alguien que acuda a su lado.
Los niños a los que se los atiende rápidamente serán en un futuro más seguros y tranquilos que aquellos a los que se los deja solos. Dejarlos llorar no les enseña nada.
Y... no te preocupes el bebé no se va a acostumbrar a llorar eternamente.
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El peso del cerebro aumenta considerablemente en los primeros años de vida.
Al nacer pesa..................... 340 g.
A los dos años pesa.......... 1150 g.
A los veinte años pesa.... 1400 g.
El cerebro de un adulto sólo pesa 250 g. Más que el de un niño de dos años. Esto quiere decir que durante los dos primeros años el cerebro se desarrolla rápidamente, por eso es necesario estimular y jugar adecuadamente con el bebé en la etapa de máxima plasticidad.
Fomentando así, su inteligencia y potenciando todas las capacidades con las que nace el niño.
Desde que nace el bebé somos los adultos los encargados de estimular todos los circuitos neurológicos, ayudándolo a observar, explorar, activar y comprender el medio que lo rodea, pues el cerebro se modificará de acuerdo al uso que haga de él.
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El bebé recién nacido tiene necesidad de su madre.
Es imprescindible establecer contacto con el pequeño y la mejor comunicación se realiza a través de la piel.
Las caricias y los masajes, son su principal alimento afectivo durante los primeros seis meses de vida, como así también la figura del padre.
La intervención activa tanto de la madre como la del padre en la educación del niño harán que él obtenga una maduración intelectual más rápida y un nivel de éxito mayor.
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Mecer al bebé tiene efectos muy beneficiosos:
- Hace que se sienta querido.
-Experimenta las mismas sensaciones que cuando estaba en el vientre de su mamá y se movía. Recordar una situación tan placentera le hace sentirse a gusto.
-Se comprobó (en las últimas investigaciones) que los niños acunados mejoran sensiblemente su memoria.
-Favorece su respiración y por lo tanto la oxigenación.
-El sistema muscular adquiere mejor tono.
-Ayuda al sistema digestivo a digerir y asimilar el alimento.
-Le proporciona mayor seguridad en sí mismo.
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Las risas, las caricias y la alegría, benefician la salud de tu hijo. Le hacen sentirse bien, y a tí también.
Al reir:
Se estimula la secreción de inmunoglobina, sustancia implicada en las defensas del organismo.
- Aumenta el riego sanguíneo.
- Penetra más aire en los pulmones.
- Se envían mensajes positivos al cerebro.
- Favorece la autoestima.
- El bebé se siente más fuerte y vital.
- Estimula la comunicación.
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Estimulando la vista de tu bebé, él podrá concentrarse durante un período de tiempo más largo.
Estimulando su olfato se contribuye a su desarrollo motor.
Meciéndolo o moviéndolo de una forma rítmica por el espacio, se desarrolla su memoria.
Llamando la atención sobre dos sentidos al mismo tiempo, se aumenta su curiosidad y capacidad de atención.